La violencia doméstica en Latinoamérica, un escándalo ético Bernardo Kliksberg. ECONOMISTA La Organización Mundial de la Salud termina de publicar los resultados del mayor estudio efectuado sobre violencia doméstica. Entrevistó 25.000 mujeres, de 15 ciudades de 10 países entre ellos Perú y Brasil. En 6 de las ciudades el 50% o más de las mujeres dijeron que habían sufrido violencia moderada o severa en su casa. En casi todas las ciudades, un 25% dijo que había sufrido violencia doméstica en el último año. Por otra parte, reflejando el miedo y el carácter invisible de esta violación brutal de los derechos humanos, la investigación muestra que entre un 20% y un 66% de las mujeres dijeron que ésta era la primera vez que habían hablado de los abusos a alguien. Como señala el informe, las voces escépticas de quienes decían que los grupos feministas sobredimensionaban el problema, tendrán ahora que aceptar la realidad. En otros estudios se estima que en la Unión Europea la violencia doméstica afecta a entre un 20% y un 25% de las mujeres, y en Estados Unidos, el 25% refieren que han sido física o sexualmente agredidas por esposos, acompañantes, o citas. Los estudios del BID sobre América latina muestran un cuadro grave. En México, el 70% de las mujeres aseguraron sufrir violencia por parte de su pareja, en Chile son el 60%, en los barrios pobres de Ecuador el 60%. Los datos del BID de fines de los 90 estimaban que en Argentina el 25% de las mujeres era víctima de violencia, y el 50% pasó por alguna situación violenta en algún momento de su vida. También indicaban que un 37% de las mujeres agredidas llevaba 20 años o más soportando estos abusos. Las mujeres golpeadas sufren graves daños; entre ellos: miedo, depresión, dolor crónico, pérdida de la autoestima. Sus hijos son muy afectados. En pleno siglo XXI, estas situaciones son un escándalo ético, pero además tienen agudos costos. El Banco Mundial estima que uno de cada cinco días de trabajo que pierden las mujeres se debe a este problema. La productividad se ve duramente afectada. Según el BID, la violencia doméstica sin incluir los costos policiales, judiciales, y de salud, significa del 1.6% al 2% del Producto Bruto, cifra con la que se podría casi doblar la inversión en salud en diversos países de la región. Hay una fuerte correlación, según los estudios, entre pauperización y violencia doméstica. Los stress socioeconómicos que afectan a América latina tensan al máximo las familias, y la cultura del machismo explota en la peor dirección. La probabilidad es alta si se tiene en cuenta que el número de pobres creció en América latina de 148 millones en 1980 a 228 millones en el 2005, y entre ellos el de pobres extremos, de 60 millones en 1980 a 94 millones en el 2005. Pero la vulnerabilidad no sólo se da en los pobres. En la Argentina del 90 donde bajo el impacto de las políticas aplicadas, 7 millones de personas dejaron de ser en pocos años clase media para transformarse en nuevos pobres, muchas familias no pudieron soportar las condiciones y, según verificó un trabajo de la UBA, en diversos casos "el cónyuge masculino tendió a autodestruirse y destruir su núcleo familiar". América latina suma a la violencia domestica cuadros tétricos de violencia de género. En México fueron asesinadas en el año 2005, 6.000 mujeres, y los horrendos crímenes contra las jóvenes de Ciudad Juárez, más de 400, siguen sin develarse. En Guatemala han sido más de 400 las mujeres asesinadas en el 2006, con un porcentaje mínimo de casos resueltos. Las mujeres humildes de América latina sufren una doble discriminación que pone sus vidas en alto riesgo, la de ser pobres, y la de ser mujeres en culturas donde a pesar de avances producto de gigantescas luchas de los colectivos de mujeres, el machismo sigue siendo una forma de conducta usual con manifestaciones brutales, como la violencia, y otras encubiertas, y con amplios márgenes de impunidad. Es hora de enfrentar a fondo, legal, educativa y culturalmente, la violencia doméstica, esta violencia intramuros, combatir todas las formas de violencia de género y desterrar por fin el intolerable machismo cotidiano. |